lunes, 12 de mayo de 2014

Decisión editorial

Después de tener el capítulo 1 subido a este blog durante varios meses, se acabó la exhibición. El momento de publicar se acerca.

Personalmente, no estoy de acuerdo con la decisión. Después de que llevara al registro la primera parte del libro hace ya meses, y teniendo en cuenta que no le doy publicidad al blog, y que solo subí un capítulo, no veo cómo podría verse perjudicada la venta del libro. Sí, las exigencias sobrevienen de normas estandarizadas de la empresa, pero vaya, en mi caso, estoy seguro de que el resultado va a ser el mismo. Al fin y al cabo, lo subí para vosotros: mis amigos de toda la vida. Y nadie más tenía por qué leerlo.

Antes de despedirme, aclaro que no pretendo ofender a nadie. Es solo mi opinión.
Un saludo a todos.

lunes, 5 de mayo de 2014

Digamos que eres ateo. Tened en cuenta que no generalizo, aunque a veces pueda parecer que sí.

Digamos que eres ateo. La mayoría de la gente atea disfruta riéndose de aquellos que creen en algo, e incluso de los que no tachan de imposible la existencia de una vida después de la muerte. La gente atea considera que su inteligencia es superior de la de las personas que no lo son, y aunque esto se confirme en la mayoría de casos (de manera ínfima y generalmente por razones socioculturales), hay algo que se les escapa. Y no hablo de aquellos que se valen de las instituciones religiosas o los fieles para defender sus teorías. No, esa gente es tan estúpida como los fanáticos que terminan inmolándose con la esperanza de pasar el resto de la eternidad violando a una virgen detrás de otra. Hablo de algo más profundo. Hablo del significado real e intachable de la palabra ''ateísmo''.
Lo cierto es que la gente que cree nunca lo admitirá, pero uno de los motivos por los que se aferran a esas leyendas es el miedo a la muerte. Miedo que parece desaparecer entre la gente atea. Aquellos que creen sí conocen el significado de la palabra ''ateísmo'', pero ¿que hay de la gente atea?
No sería erróneo pensar que creer en algo es un pacto de paz con uno mismo para no pasar la vida entera temblando ante la idea de la muerte, y que por eso ha tenido tanto éxito durante la historia de la humanidad, lo sigue teniendo, y lo tendrá hasta que se extinga. Sin embargo, la gente atea está demasiado ocupada creyendo en su propia inteligencia y riéndose de los que no lo son como para pensar en que si realmente no hay un Dios, y no hay una vida después de la muerte, seremos borrados del universo. Borrados del universo permanentemente, no existir, tal y como fue hasta antes de que naciéramos. Y dará igual lo que hayas hecho, o que se te recuerde, o cómo. Dará igual, porque tú no existirás para saberlo, no volverás a existir, jamás.
La gente habla del ateísmo con una sonrisa, sin saber lo que realmente significa: el fin de todo.

Si quieres ser ateo y cerrar los ojos, adelante, pero antes de criticar a aquellos que creen, o a los que decidimos posicionarnos en una cobarde y humilde ignorancia, piensa en el significado real de la muerte, atrévete a sentirlo, y, ahora, dime si te apetece seguir riéndote de aquellos que se aferran a algo para dejar de tener miedo.

viernes, 2 de mayo de 2014

Me ha quedado bien en primera persona y presente, pero porque estoy op.



Abro los ojos. Nada. El lapso de tiempo entre el sueño y la vigilia se ha convertido en el único momento del día en el que consigo paz. Parpadeo y vuelvo la cabeza. La luz que se derrama a través de la ventana es demasiado intensa, ¿cuánto habré dormido?
Aparto las sábanas, pegadas a mi cuerpo cubierto de sudor, y me incorporo. El tormento no tarda en invadir mi mente. Aquella victoria ya no significa nada. No sin los campeones de Tierras Yermas.
Inspiro hondo y dejo escapar un bufido de resignación. Es hora de levantarse.
—¡Petro! exclamo con desgana. Al cabo de diez segundos decido dejar de contar, pero no se demora mucho más en abrir la puerta.
—Buenos días, mi señor Se inclina— ¿Me ha llamado? El muy imbécil continúa preguntando eso después de más de tres años sirviendo en el castillo. No pienso responder.
—¿Hay noticias de…? Me detengo al ver cómo el gesto de Petro se tuerce en una mueca de terror. El pobre se crió en Áscalon, con esos salvajes que no entienden que solo ellos son responsables de que los acontecimientos no se resuelvan a su favor. Niego con la cabeza— Déjalo. Que me preparen un baño.
Petro asiente y desaparece antes de que recuerde que olvidar el protocolo le habría valido una paliza en su reino. Probablemente esté palideciendo ahora.
Limpio, refrescado, y ataviado con mi túnica de monarca ingenuo, me persono en la torre oeste, donde me espera Namyra, capitana de los caballeros de la orden de la estrella blanca. ¿No se cansará nunca de llevar puesta esa armadura? Y el hacha a su espalda, ¿cómo hace para no caerse hacia atrás? Sus ojos, verde pardo y sin brillo, no dejan de acecharme mientras me acerco a ella. Me sorprendo observándola cerca de un minuto, tratando de adivinar cómo será el rostro que se esconde detrás de ese yelmo en forma de cabeza de serpiente. Estúpidos votos de lealtad a un Dios que tal vez ni exista.
—Tan perfumado como de costumbre, Narai —me escupe con sarcasmo. Un sarcasmo amistoso.
—¿Has terminado ya tus ridículas oraciones? respondo con naturalidad.
—Desde antes de que sacaras tu gordo culo de la cama Ambos nos miramos en silencio durante unos instantes. Ella es la primera en romper a reír.
—Si nos oyen hablar así en público, no tardará en haber un golpe de estado –advierto con voz seria. A través de los colmillos de Alissana, veo que sus ojos por fin brillan. ¿Habrá sonreído?
Durante nuestro paseo a las murallas, noto cómo el miedo y la duda han crecido entre los míos como una sombra asfixiante. Miradas bajas, semblantes serios. No tardaré en oír réplicas.
—Tendrías que haber dejado que los acompañara La voz de Namyra me saca de mi cavilaciones. Vuelvo la cabeza hacia ella y veo que ni siquiera me mira. Conoce mis silencios, y mis miedos.
—Aprecio demasiado mi vida como para exponerla a otra traición –La frase se me escapa de los labios afilada como un cuchillo. Siento ganas de disculparme, pero no puedo. Mucho menos delante de mis hombres. Titubeo, tratando de que las palabras adecuadas se pronuncien solas. Todo un despropósito.
—Pero no lo suficiente como para saber en quién confiar Namyra hace restallar esas palabras como un latigazo. Eso me pasa por caprichoso.
—Entonces te mandaré ejecutar –No se ríe, ¿le habrá molestado?
En silencio, subimos las escaleras que llevan a lo alto del Vigía, el torreón que se alza por encima del pico más alto de las Montañas Imposibles. Al cabo de dos minutos casi no puedo ni respirar, pero Namyra mantiene el ritmo incluso con el peso extra que soporta su cuerpo.
—¿Te empujo? Me dice, desde unos peldaños más abajo. No es difícil percatarse de que el cansancio me va ganando terreno.
—Si te digo que sí, ¿lo harás?
Por suerte, las torres de la muralla se erigieron con la ayuda de varios artífices que, muy convenientemente, manipularon el espacio en su interior para que el ascenso resultara diez veces menos insufrible de lo que debería. Cuando salimos al exterior, mando a los guardias allí apostados tomarse un descanso. Por fin puedo encogerme de rodillas y recuperar el aire con fuerza. Namyra no tarda en soltar una risotada. La miro con cierto odio, y ella, lejos de amedrentarse, me tiende una mano, como si no pudiera levantarme por mis propios medios. Lo consigo, aunque no sin cierta dificultad.
—Deberías plantearte muy seriamente hacer ejercicio.
—Deberías probar a ser el único soberano libre en un mundo subyugado por una loca del inframundo con un millar de dragones y otras criaturas a su servicio –Parece que eso sí le ha hecho gracia.
Después de varias bromas, el silencio vuelve a nosotros. La presencia de Namyra me reconforta, y cualquiera que no se diera cuenta del motivo, o tratara de aludirlo a algún estúpido romance apropiado para las masas en bancarrota mental, no sería más que un ingenuo.
Medianoche. De todos los lugares en los que podían perderse, tuvieron que elegir precisamente ese. ¿Y si han fracasado? ¿Y si han muerto? Pensándolo fríamente, sería lo más probable.
Entonces noto una mano sobre mi hombro, firme, pero cálida y tierna.
—Derrotaron a Sangre, Narai. No tengas miedo. Volverán La miro, completamente embobado. Me ha dejado sin palabras. Y sonríe. Sé que sonríe—. Incluso puede que estemos aquí para ver cómo lo hacen.