lunes, 5 de mayo de 2014

Digamos que eres ateo. Tened en cuenta que no generalizo, aunque a veces pueda parecer que sí.

Digamos que eres ateo. La mayoría de la gente atea disfruta riéndose de aquellos que creen en algo, e incluso de los que no tachan de imposible la existencia de una vida después de la muerte. La gente atea considera que su inteligencia es superior de la de las personas que no lo son, y aunque esto se confirme en la mayoría de casos (de manera ínfima y generalmente por razones socioculturales), hay algo que se les escapa. Y no hablo de aquellos que se valen de las instituciones religiosas o los fieles para defender sus teorías. No, esa gente es tan estúpida como los fanáticos que terminan inmolándose con la esperanza de pasar el resto de la eternidad violando a una virgen detrás de otra. Hablo de algo más profundo. Hablo del significado real e intachable de la palabra ''ateísmo''.
Lo cierto es que la gente que cree nunca lo admitirá, pero uno de los motivos por los que se aferran a esas leyendas es el miedo a la muerte. Miedo que parece desaparecer entre la gente atea. Aquellos que creen sí conocen el significado de la palabra ''ateísmo'', pero ¿que hay de la gente atea?
No sería erróneo pensar que creer en algo es un pacto de paz con uno mismo para no pasar la vida entera temblando ante la idea de la muerte, y que por eso ha tenido tanto éxito durante la historia de la humanidad, lo sigue teniendo, y lo tendrá hasta que se extinga. Sin embargo, la gente atea está demasiado ocupada creyendo en su propia inteligencia y riéndose de los que no lo son como para pensar en que si realmente no hay un Dios, y no hay una vida después de la muerte, seremos borrados del universo. Borrados del universo permanentemente, no existir, tal y como fue hasta antes de que naciéramos. Y dará igual lo que hayas hecho, o que se te recuerde, o cómo. Dará igual, porque tú no existirás para saberlo, no volverás a existir, jamás.
La gente habla del ateísmo con una sonrisa, sin saber lo que realmente significa: el fin de todo.

Si quieres ser ateo y cerrar los ojos, adelante, pero antes de criticar a aquellos que creen, o a los que decidimos posicionarnos en una cobarde y humilde ignorancia, piensa en el significado real de la muerte, atrévete a sentirlo, y, ahora, dime si te apetece seguir riéndote de aquellos que se aferran a algo para dejar de tener miedo.

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