Digamos
que eres ateo. La mayoría de la gente atea disfruta riéndose de
aquellos que creen en algo, e incluso de los que no tachan de imposible
la existencia de una vida después de la muerte. La gente atea considera
que su inteligencia es superior de la de las personas que no lo son, y
aunque esto se confirme en la mayoría de casos (de manera ínfima y
generalmente por razones socioculturales), hay
algo que se les escapa. Y no hablo de aquellos que se valen de las
instituciones religiosas o los fieles para defender sus teorías. No, esa
gente es tan estúpida como los fanáticos que terminan inmolándose con
la esperanza de pasar el resto de la eternidad violando a una virgen
detrás de otra. Hablo de algo más profundo. Hablo del significado real e
intachable de la palabra ''ateísmo''.
Lo cierto es que la gente que
cree nunca lo admitirá, pero uno de los motivos por los que se aferran a
esas leyendas es el miedo a la muerte. Miedo que parece desaparecer
entre la gente atea. Aquellos que creen sí conocen el significado de la
palabra ''ateísmo'', pero ¿que hay de la gente atea?
No sería
erróneo pensar que creer en algo es un pacto de paz con uno mismo para
no pasar la vida entera temblando ante la idea de la muerte, y que por
eso ha tenido tanto éxito durante la historia de la humanidad, lo sigue
teniendo, y lo tendrá hasta que se extinga. Sin embargo, la gente atea
está demasiado ocupada creyendo en su propia inteligencia y riéndose de
los que no lo son como para pensar en que si realmente no hay un Dios, y
no hay una vida después de la muerte, seremos borrados del universo.
Borrados del universo permanentemente, no existir, tal y como fue hasta
antes de que naciéramos. Y dará igual lo que hayas hecho, o que se te
recuerde, o cómo. Dará igual, porque tú no existirás para saberlo, no
volverás a existir, jamás.
La gente habla del ateísmo con una sonrisa, sin saber lo que realmente significa: el fin de todo.
Si quieres ser ateo y cerrar los ojos, adelante, pero antes de criticar
a aquellos que creen, o a los que decidimos posicionarnos en una
cobarde y humilde ignorancia, piensa en el significado real de la
muerte, atrévete a sentirlo, y, ahora, dime si te apetece seguir
riéndote de aquellos que se aferran a algo para dejar de tener miedo.
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